Acompañamiento Matrimonial en los primeros años de matrimonio

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CAPITULO 1

Primer Pilar del Matrimonio: La Fe y el Acercamiento a Dios

El Matrimonio en el Plan de Dios

La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios y se cierra con la visión de las “bodas del Cordero”. De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su “misterio”, de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación “en el Señor” todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia.

El matrimonio en el orden de la creación

“La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio… un vínculo sagrado… no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimonio”. La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador.

El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes.

“La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar”.

Dios que ha creado al hombre por amor lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, que es Amor. Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador. Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. “Y los bendijo Dios y les dijo: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla´”.

La Sagrada escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro: “No es bueno que el hombre esté solo”. La mujer, “carne de su carne”, su igual, la criatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como una “auxilio”, representando así a Dios que es nuestro “auxilio”. “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” . Que esto significa una unión indefectible de sus dos vidas, el Señor mismo lo muestra recordando cuál fue “en el principio”, el plan del Creador: “De manera que ya no son dos sino una sola carne”.

El matrimonio bajo la esclavitud del pecado

Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas, las épocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de carácter universal.

Según la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado. El primer pecado, ruptura con Dios, tiene como consecuencia primera la ruptura de la comunión original entre el hombre y la mujer. Sus relaciones quedan distorsionadas por agravios recíprocos; su atractivo mutuo, don propio del creador, se cambia en relaciones de dominio y de concupiscencia; la hermosa vocación del hombre y de la mujer de ser fecundos, de multiplicarse y someter la tierra queda sometida a los dolores del parto y los esfuerzos de ganar el pan.

Sin embargo, el orden de la Creación subsiste aunque gravemente perturbado. Para sanar las heridas del pecado, el hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que Dios, en su misericordia infinita, jamás les ha negado. Sin esta ayuda, el hombre y la mujer no pueden llegar a realizar la unión de sus vidas en orden a la cual Dios los creó “al comienzo”.

El matrimonio bajo la pedagogía de la antigua Ley

En su misericordia, Dios no abandonó al hombre pecador. Las penas que son consecuencia del pecado, “los dolores del parto”, el trabajo “con el sudor de tu frente”, constituyen también remedios que limitan los daños del pecado. Tras la caída, el matrimonio ayuda a vencer el repliegue sobre s í mismo, el egoísmo, la búsqueda del propio placer, y a abrirse al otro, a la ayuda mutua, al don de sí. La conciencia moral relativa a la unidad e indisolubilidad del matrimonio se desarrolló bajo la pedagogía de la Ley antigua. No obstante, la Ley dada por Moisés se orienta a proteger a la mujer contra un dominio arbitrario del hombre, aunque ella lleve también, según la palabra del Señor, las huellas de “la dureza del corazón” de la persona humana, razón por la cual Moisés permitió el repudio de la mujer.

Contemplando la Alianza de Dios con Israel bajo la imagen de un amor conyugal exclusivo y fiel, los profetas fueron preparando la conciencia del Pueblo elegido para una comprensión más profunda de la unidad y de la indisolubilidad del matrimonio. Los libros de Rut y de Tobías dan testimonios conmovedores del sentido hondo del matrimonio, de la fidelidad y de la ternura de los esposos.

El matrimonio en el Señor

En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo.

En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón; la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: “lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable. Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada. Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios. Siguiendo a Cristo, renunciando a s í mismos, tomando sobre sí sus cruces, los esposos podrán “comprender” el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.

El hecho y el significado del matrimonio

En la vida del varón y de la mujer se da un momento en que, normalmente, brota el amor. Llevados de ese amor deciden entrar en una comunión estable de vida y formar una familia. A esta decisión y compromiso se llama matrimonio.

El matrimonio y la familia se cuentan entre los bienes más valiosos de la humanidad. Son la célula fundamental de la comunidad humana: “El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (GS 47). La concepción cristiana del matrimonio

Una de las páginas más bellas del Génesis es aquella en que el hombre se encuentra solo en medio de la creación. A pesar de poner nombre a todos los animales y cosas, se siente mudo, incapaz de pronunciar una palabra porque nadie le da respuesta. En esos momentos de soledad existencial y de pobreza vital, Dios le presenta a la mujer. A partir de esos momentos se inicia el diálogo y el encuentro de amor en la historia y el matrimonio se perfila poco a poco, hasta quedar plenamente clarificado en la persona de Cristo.

En el nuevo testamento, Jesús estuvo presente en una boda en Caná de Galilea, reconociendo con su presencia el valor humano del matrimonio. Además recogiendo la imagen matrimonial de la alianza que sugieren los profetas, compara el Reino de Dios con un banquete de bodas en el que se identifica con el esposo. Durante este banquete los amigos del novio no ayunan (Mt 9, 14-15), son invitados los que están en los caminos mientras que algunos rechazan la llamada (Mt 22, 1-14; Lc 14, 16-24), y es preciso estar alerta para participar en la fiesta (Mt 25, 1-13).

En Mt 19, 3-9 Jesús reafirma el ideal originario de la creación (Gen 2,24) al defender la indisolubilidad de la alianza matrimonial. Jesús en este momento, supera la Ley, manifestando la profunda relación que existe entre el orden de lo creado y la Alianza. Aquí esta el origen del sacramento del matrimonio: Jesús le reconoce como instituido desde la creación, cobrando para él una dimensión especial. Esta significación particular será claramente expresada por San Pablo en la carta a los Efesios:

“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos un solo ser. Este símbolo es magnífico; yo lo estoy aplicando a Cristo y a la Iglesia, pero también vosotros, cada uno en particular, debe amar a su mujer como a sí mismo, y la mujer debe respetar al marido” (Ef 5, 31-33)

El matrimonio es signo de Cristo

Como acabamos de ver, la Alianza de Dios con los hombres va a significarse a través del matrimonio en el Antiguo Testamento. Jesucristo es plenitud de esa Alianza; en el Dios pronuncia un sí irrepetible al ser humano, haciéndose carne esa Alianza de Dios con el hombre.

El amor matrimonial de los que se unen en el Señor es símbolo que actualiza el amor de Dios aparecido en Jesucristo, siendo el matrimonio una realidad en la que se vive, de forma peculiar, la muerte y la resurrección, la Pascua. Así la donación, el perdón, los conflictos, las deficiencias, las culpabilidades, todo que lo que es y significa una vida en común, está integrado en el triunfo pascual del amor de Dios porque “El amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia” (GS 48) El matrimonio es sacramento de la Iglesia

El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, dice que el matrimonio y la familia son como una Iglesia en pequeño, Iglesia doméstica (LG 11).

Los cónyuges poseen dentro de la comunidad cristiana un carisma que les es propio, una vocación y una misión singular: ser testigos en el mundo del amor de Dios y transmitir y educar a sus hijos en la fe. 
 “En virtud del sacramento del matrimonio se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de la prole y por eso tiene su propio don, dentro del pueblo de Dios, en su estado y en su forma de vida (LG11)

Bienes y exigencias del amor conyugal

“El amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona -reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad -; mira a una unidad profundamente personal que, mas allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y una alma; exige la indisolubilidad y la fidelidad de la donación recíproca definitiva; y se abre a la fecundidad. En una palabra: se trata de características normales de todo amor conyugal natural, pero con un significado nuevo que no sólo las purifica y consolida, sino las eleva hasta el punto de hacer de ellas la expresión de valores propiamente cristianos”. (Familiaris Consortio, 19 Juan Pablo II )

Unidad

El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos “De manera que ya no son dos sino una sola carne” (Mt 19,6). “Están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la recíproca donación total”. La unidad del matrimonio, confirmada por el Señor, aparece ampliamente en la igual dignidad personal que hay que reconocer a la mujer y al varón en el mutuo y pleno amor

Indisolubilidad y fidelidad

El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiene por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. Esta íntima unión, en cuanto donación mutua de dos personas, así como el bien de los hijos, exigen la plena fidelidad de los cónyuges y urgen su indisoluble unidad.Puede parecer difícil, incluso imposible, unirse para toda la vida a un ser humano. Por ello es tanto más importante anunciar la buena nueva de que Dios nos ama con un amor definitivo e irrevocable, de que los esposos participan de este amor, que les conforta y mantiene, y de que por su fidelidad se convierten en testigos del amor fiel de Dios. Los esposos que, con la gracia de Dios, dan este testimonio, con frecuencia en condiciones muy difíciles, merecen la gratitud y el apoyo de la comunidad eclesial. (CIC, 1648)

Fecundidad

“Por su naturaleza misma, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronados como su culminación” (Gaudium et spes 48). La fecundidad el amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida.

La familia, Iglesia doméstica

Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la “familia de Dios”. Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, con toda su casa, habían llegado a ser creyentes. Cuando se convertían, deseaban también que se salvase toda su casa. Estas familias convertidas eran islas de vida cristiana en un mundo no creyente.

El Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, Ecclesia domestica. En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno, y con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada.

La relación espiritual

Para crecer juntos en la espiritualidad, los matrimonios deben de acentuar los momentos y prácticas religiosas que los dos tienen en común (Entendemos por espiritualidad la manera en que vivimos nuestra relación con Dios y con los demás y cómo la vivimos en las situaciones diarias de la vida)

Para construir un hogar católico entre dos católicos

Es muy común que, dentro de la comunidad hispana se formen parejas que comparten la misma fe católica. Sin embargo, es probable que uno de los dos no tenga el mismo desarrollo espiritual ni el mismo nivel de compromiso con la fe. Es decir, que sea, como se dice coloquialmente, solo “un calienta bancas” o “católico de miércoles de Ceniza y de fiestas patronales.” Es ahí cuando las cosas se comienzan a complicar. Si tu te encuentras en un caso como este, es muy recomendable que no intentes chantajear a esta persona emocionalmente para que haga lo que tu deseas pues puedes no sólo fastidiarlo sino incluso hacer que la persona se aleje aún más de la fe.Trata más bien de acentuar los momentos y prácticas religiosas que los dos tienen en común. Intenta también ir, paso a paso, creando oraciones que los dos puedan hacer ‘juntos” a la hora de la comida, al despertar, y al dormir. No se trata de hacer todo un rosario al inicio pero sí de ir rodeando tu vida de la presencia de Cristo Jesús para que sea Su amor lo que los una y la fe no se vuelva una causa de divisiones. Y si ambos son católicos pero nunca se han involucrado de lleno en la vida espiritual es muy recomendable que adopten juntos este nuevo estilo de vida que al final de cuentas, es el mismo que sus hijos adoptarán en un futuro. La preparación al matrimonio que ahora están haciendo puede ser un buen comienzo para que juntos se interesen por preguntar y saber un poco más de los fundamentos de la fe; para que los dos se confiesen y al preparar la Eucaristía de su día de bodas, conozcan mejor la belleza de la Misa y se interesen en seguirla frecuentando. Así, cuando sean ya esposos podrán buscar siempre en este Sacramento la fuerza para seguirse amando y entregando como Jesús. Este esfuerzo de celebrar juntos la Eucaristía y de ir creciendo en la fe es algo de lo cual nunca se arrepentirán pues es la garantía de grandes beneficios para la pareja. Miles de parejas dan testimonio de que su vida ha sido diferente desde cuando invitaron a Jesús a entrar en sus hogares y en su corazón.

Para parejas donde uno es cristiano católico y el otro es cristiano de otra denominación o no es cristiano:

En este caso el respeto de la conciencia y fe del otro es decisivo: Ninguno de los dos debe por tanto intentar y mucho menos forzar a que el otro cambie de religión. Busquen más bien el equilibrio dando lugar a que cada cual crezca en su fe, y establezcan formas de oración en que juntos puedan unirse, ya sea leyendo y meditando la Sagrada Escritura (si ambos creen en Jesús), o compartiendo ritos u oraciones que sean comunes a las dos iglesias o que sean aceptables por los dos. Y por supuesto, hagan que sea su vida de amor y los valores compartidos los que fundamenten su vida en común. Así aprovecharán lo mejor de ambas religiones.

Es igualmente importante no hacer críticas explícitas a la religión o la Iglesia del otro pues esto puede herir susceptibilidades y crear grandes divisiones en la pareja. Es de desear por eso que las parejas de cristianos, aunque no sean de la misma denominación, pertenezcan a Iglesias que mantienen un buen diálogo ecuménico y que no se condenan entre sí.

Debe igualmente quedar claro que, la Iglesia pide a la pareja con disparidad de culto (“matrimonios mixtos”) que se comprometa a bautizar y educar a los hijos dentro de la fe católica. Por eso, este punto debe ser discutido y acordado claramente antes del matrimonio.

Por último recuerda que la religiosidad y vida espiritual es algo que enriquece mucho nuestra vida personal y de pareja. Ella es parte de esa probadita de cielo que Dios tiene preparado para nosotros y debe comenzar a hacerse posible a través de nuestro amor por los demás y por tanto por nuestra pareja.

Beneficios del sacramento del matrimonio

Cuando los cónyuges se aman con el amor de Cristo invocado y celebrado en su sacramento y consumado en su diario vivir, se convierten también en instrumentos o “ministros del amor de Dios.”

La tradición católica siempre ha reconocido que el matrimonio es también una relación natural. Personas de cualquier religión, o no creyentes pueden casarse y su matrimonio es respetable y digno pues, lo sepan o no, tiene su origen en Dios mismo que al crear al ser humano le hizo capaz de amar a su pareja y entregarse a ella para formar una sola carne. Jesús está dispuesto a ser la fuerza misma de amor que, unida al esfuerzo o consentimiento de amor de cada cónyuge, los conduzca seguros a amarse y entregarse para siempre. A esta fuerza se le llama también “gracia matrimonial”

Como lo describe el Catecismo de la Iglesia Católica, Dios que siempre salió al encuentro de su pueblo, sale ahora, mediante el sacramento del matrimonio, al encuentro de los esposos cristianos y “permanece con ellos, les da la fuerza de tomar su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros, de estar sometidos unos a otros en el temor de Cristo (Ef. 5, 21), y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo. ” (CIC, 1642)

Cuando los cónyuges se aman con el amor de Cristo invocado y celebrado en su sacramento y consumado en su diario vivir, se convierten también en instrumentos o “ministros del amor de Dios.” Así, a través de cada uno de ellos, Dios mismo sigue sosteniendo, escuchando aceptando, acariciando y sirviendo al cónyuge y a los hijos que nazcan de su relación. Es decir, mediante la gracia matrimonial los esposos no sólo logran ser felices sino que se convierten también en instrumentos mutuos de salvación para su cónyuge.

Por eso, si aún no estás casado, o te casaste pero no conociste antes lo que Jesús tiene preparado para tu amor, puedes hacerlo ahora, buscando el sacramento del matrimonio que ofrece la Iglesia Católica o, si ya lo hiciste puedes siempre renovar tus promesas matrimoniales y beneficiarte así de su gracia. Ahora bien, para que la riqueza y la gracia del sacramento del matrimonio dé sus frutos, es esencial que juntos descubran, cada día, cuál es el plan de Dios para ellos. Para tal fin, deberán de mantenerse cerca de Dios y de los medios que les llevan a Dios y a su gracia. Esto es una labor individual y de pareja. Por un lado cada uno ha de buscar a Dios de acuerdo a su espiritualidad.). Aún cuando su espiritualidad sea diferente e inclusive cuando pertenecen a religiones diferentes, las parejas pueden encontrar maneras conjuntas para vivir su relación con Dios y descubrir cómo quiere Dios que vivan su matrimonio y transmitan su fe y su espiritualidad a sus hijos

Espiritualidad en el Matrimonio

Aún cuando su espiritualidad sea diferente o pertenezcan a religiones diferentes, las parejas pueden encontrar maneras conjuntas para vivir su relación con Dios.

Al casarse las parejas, eligen a la persona que desean les acompañe por el resto de sus vidas. Con esta persona han de crecer como personas y como pareja. Y para las parejas cristianas y sobre todo para aquellas que escogieron hacer de su relación un sacramento, es decir, que fueron ante el altar y prometieron amarse mutuamente como Cristo ama, su vida va a tener un significado muy especial. “Por eso dejara el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se harán una sola carne”. (Génesis 2, 24 y Efesios 5:31)

Ahora bien, para que la riqueza y la gracia del sacramento del matrimonio dé sus frutos, es esencial que juntos descubran, cada día, cuál es el plan de Dios para ellos. Para tal fin, deberán de mantenerse cerca de Dios y de los medios que les llevan a Dios y a su gracia. Esto es una labor individual y de pareja. Por un lado cada uno ha de buscar a Dios de acuerdo a su espiritualidad. (Entendemos por espiritualidad la manera en que vivimos nuestra relación con Dios y con los demás y cómo la vivimos en las situaciones diarias de la vida). Aún cuando su espiritualidad sea diferente e inclusive cuando pertenecen a religiones diferentes, las parejas pueden encontrar maneras conjuntas para vivir su relación con Dios y descubrir cómo quiere Dios que vivan su matrimonio y transmitan su fe y su espiritualidad a sus hijos.

Cada pareja va escogiendo cómo va a vivir su espiritualidad, pero para ello necesitan crear antes una vida íntima en que puedan compartir sus pensamientos, sus ilusiones, su historia, los sueños que juntos tienen; y decidan cómo van a vivir su vida matrimonial y de familia Por eso, como parte de su compromiso espiritual, han de evitar todo aquello que pueda alejarlos del verdadero sentido del amor. Las estadísticas de hoy en día nos muestran un panorama muy triste. Por un lado los altos niveles de divorcio causado por la pornografía y la infidelidad matrimonial, y por el otro lado, la falta del desarrollo del amor matrimonial debido al egoísmo e inclusive al materialismo.

Por eso es importante que, desde un principio, los esposos se entreguen libre y mutuamente el uno al otro y busquen todo aquello que les una y les haga crecer. Permítanme sugerir algunas prácticas que les pueden ser de utilidad:

Oren el uno por el otro. Encomienden a Dios las necesidades de su pareja. Pídanle a Dios la gracia para amar a su pareja como Dios les ama.

Oren juntos por las necesidades de su familia y del mundo que les rodea.

Busquen oportunidades para servir como pareja o como familia. Por ejemplo, a través del Movimiento Familiar Cristiano, Encuentros Matrimoniales, y otras organizaciones, actividades o ministerios en su parroquia o su región.

Cuiden los sentidos, evitando el uso de programas o imágenes que dañen su espiritualidad y su vida matrimonial.

Eviten la pornografía y aquellos programas que dañen su imagen del matrimonio. Ábranse a todo aquello que de vida como pueden ser los actos de cariño y de comprensión.

Procuren lo que hace feliz a su pareja.

Eviten a toda costa usar a su pareja para sus propios fines.

Busquen oportunidades para hacer cosas juntos como salir a dar un paseo, practicar un deporte, etc.

Procuren hacer citas pero nunca las usen para discutir o pretender resolver conflictos.

Hagan citas especiales para hablar sobre un problema o un conflicto, y de preferencia busquen un lugar que no sea su alcoba para el encuentro. Busquen ayuda profesional cuando consideren que no están teniendo los resultados deseados en su relación. No lo eviten. Su matrimonio es demasiado importante.

Decidan todos los días al despertar, que van a amar a su pareja y busquen maneras de demostrarlo.

Que hermoso es ver parejas que han logrado ser una sola alma. Esperamos que su matrimonio sea uno de ellos y que juntos lleguen a vivir su vocación a la felicidad como pareja.

Importancia de los valores en la construcción de un matrimonio exitoso:

Valores en común La importancia que los valores tienen para la relación de una pareja: si las dos listas o códigos de valores coinciden, la armonía y el bienestar estarán en gran medida garantizados

Muchos expertos en consejería matrimonial y de pareja coinciden en afirmar que si bien el compromiso o promesas matrimoniales establecen y sellan la relación con la solidez de un vínculo estable, los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia. Ellos son los que hacen posible que dos personas, aunque provengan de mundos muy distintos, se descubran como “almas gemelas”, con “espíritus afines”, o en términos populares, como la “media naranja” con la cual se puede lograr la comunión de vida y de propósitos deseables en un matrimonio.

Qué es un valor Los valores tienen que ver con lo que motiva a una persona, lo que la hace actuar, lo que le da sentido a su vida. En pocas palabras, “los valores de un apersona son, en cierto modo, la propia misma”. Ellos constituyen “el centro” de donde salen los intereses; son la razón que hace vibrar a una persona, sus amores, lo que le es más sagrado e importante. (Véase, Geneviève Hone y Julien Mercure, las Estaciones de la Pareja”, Sal Terrae, 1993, pp. 82 y ss.)

Los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia.

Cada persona, a lo largo de su vida, y de acuerdo a los mensajes recibidos y asimilados, crea una lista de valores que constituyen, por así decirlo, “su tesoro.” Esta lista le sirve de parámetro para juzgar si algo le agrada, si va con él o con ella, o por el contrario, si le disgusta, le desagrada o le ofende. De ahí la importancia que los valores tienen para la relación de una pareja: si las dos listas o códigos de valores coinciden, la armonía y el bienestar estarán en gran medida garantizados; será fácil llegar a acuerdos sobre los objetivos en el manejo del dinero, la crianza de los hijos, la distribución de los oficios, etc. En fin, les resultará bastante fácil crear planes juntos y sobre todo diseñar un proyecto común de vida donde ninguno se sienta frustrado, limitado o forzado.

Para tener esta coincidencia en valores no se necesita ser de la misma religión ni del mismo país, pero ciertamente haber crecido en hogares con principios morales y espirituales similares favorece la coincidencia. Cuando en cambio son muchos más los valores en los cuales no se coincide, que aquellos que se tienen en común, es de esperarse que la relación sea, si no conflictiva, por lo menos muy difícil. ¿Qué hacer cuando no hay perfecta coincidencia en los valores?

Nadie coincide total y perfectamente con los valores del otro. Siempre habrá entre los cónyuges, gustos, preferencias o formas diferentes de ver la realidad. Eso no debe ser sin embargo la causa de dificultades en la relación. El amor supone la aceptación del otro tal cual es y no implica que el otro sea mi idéntico. Por el contrario, su diferencia puede aportarme formas de ver la vida y de actuar de las cuales puedo aprender mucho y terminar integrándolas en mi propio esquema de valores.

Se trata por tanto de aprender a “manejar” las diferencias, lo cual es diferente de “soportar” o someterse. En la negociación y búsqueda de acuerdos aprender las técnicas de comunicación y las herramientas para de solución de conflictos será siempre de gran ayuda. Con todo se debe tener igualmente en cuenta los siguientes:

Son negociables los valores que no afecten o dañen el bien de ninguno de los cónyuges ni de los hijos: Valores que sean esenciales o fundamentales tales como la responsabilidad por la vida y el bien de las personas de la familia; el respeto, la fidelidad, la honradez, la veracidad, la delicadeza en el trato, etc., no son negociables ni renunciables.

Valores que son más gustos o apreciaciones se pueden negociar o simplemente aceptar como una característica propia del cónyuge.

La pareja debe poder construir su propio código de valores que los identificará como familia y como matrimonio. En esta elaboración el consejo de amigos y parientes puede ser tenido en cuenta pero no debe sustituir la decisión de común acuerdo de la pareja.

Todos evolucionamos y las circunstancias pueden hacer que tengamos que renunciar, no a nuestros principios, pero sí a ciertas formas de aplicarlos (Por ejemplo, si ya no se puede cenar todos juntos, por lo menos se puede buscar un día en que se puedan reunir). Tener esta flexibilidad puede facilitar la convivencia.

Comprometerse juntos con los valores cristianos y esforzarse por cumplirlos creará en su pareja el tesoro más rico y fructífero que garantizará su unidad y fortaleza como pareja. Recuerden “lo que Dios ha unido no lo separa nadie.”

¿Qué valores compartimos?

Cuando una pareja tiene muchos valores en común, o por lo menos coinciden en los valores que los dos consideran fundamentales, podrán fácilmente entenderse y tomar decisiones en conjunto.

Los valores tienen que ver con lo que una persona considera más importante o de más valor en su vida. Ellos determinan las preferencias, los gustos, las opciones y hasta los sacrificios que una persona está dispuesta a hacer. Conocer a una persona es por eso conocer, hasta donde sea posible, cuáles son sus valores. Este es por tanto un tema decisivo para saber si realmente estás por casarte con la persona que más te conviene. Cuando una pareja tiene muchos valores en común, o por lo menos coinciden en los valores que los dos consideran fundamentales, podrán fácilmente entenderse y tomar decisiones en conjunto. Esos valores comunes son como el tesoro del cual se nutren las decisiones diarias, tanto para la vida de pareja como para el manejo del dinero, la crianza de los hijos, las relaciones con las familias respectivas, etc.

Hay que tener además en cuenta que no todos los valores tienen para cada persona la misma importancia. Así, aún reconociendo el valor del dinero, una persona puede decidir que conservar una amistad es más valioso que pelear por dinero con un amigo, etc. Por eso, junto a la lista de valores de una persona debemos percibir el grado de importancia que les da. Hay valores que podemos llamar “fundamentales” o irrenunciables, valores a los cuales podemos renunciar y valores que estamos dispuestos a “negociar” con los demás.

Hay muchas maneras de descubrir los valores más importantes para una persona

Para comenzar, no te fijes sólo en cómo se comporta contigo ni en lo que te dice, pues durante el romance es siempre posible que la persona trate de impresionar positivamente a su pareja exagerando sus virtudes o escondiendo lo que piensa que al otro puede no gustarle.

Fíjate más bien en cómo se comporta y actúa con los demás: Por ejemplo, nota lo que más le preocupa a tu pareja, o lo que más admira de sus amigos y de su familia. Fíjate igualmente en la clase de personas de cuales se rodea pues, como dice el dicho, “dime con quién andas y te diré quién eres”. Examina también en qué invierte su dinero y qué importancia le da a las personas y las relaciones con su familia, con sus amigos y con Dios. Y por supuesto, infórmate qué opinan o admiran de él otras personas como los compañeros de trabajo y amigos.

Celebración del Matrimonio

Monición

S. Queridos hermanos:

Estamos aquí, junto al altar, para que Dios garantice con su gracia vuestra voluntad de contraer Matrimonio ante el ministro de la Iglesia y la comunidad cristiana ahora reunida. Cristo bendice copiosamente vuestro amor conyugal, y él, que os consagró un día con el santo Bautismo, os enriquece hoy y os da fuerza con un Sacramento peculiar para que os guardéis mutua y perpetua fidelidad y podáis cumplir las demás obligaciones del Matrimonio. Por tanto, ante esta asamblea, os pregunto sobre vuestra intención.

Escrutinio

S. NN y NN, ¿Venís a contraer Matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?

R. Sí, vengo libremente.

S. ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del Matrimonio, durante toda la vida?

R. Sí, estoy decidido. S. ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsablemente y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?

R. Sí, estoy dispuesto.

Consentimiento Así, pues, ya que queréis contraer santo Matrimonio, unid vuestras manos, y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia.

Se dan la manos derecha.

Yo, NN, te recibo a ti, NN, como esposa y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.

Yo, NN, te recibo a ti, NN, como esposo y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así

 
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El Amor Matrimonial

CAPITULO 2

El Amor Matrimonial

Estas listo? ¿Te has dado la oportunidad para saber si tú cumples los requisitos para ser un buen esposo o esposa?

Con frecuencia las personas piensan en cómo les gustaría que fuera su pareja; en los requisitos que debe tener un verdadero esposo o esposa. Pero, ¿te has dado la oportunidad de saber si tú cumples con esos requisitos? ¿Sientes que has ya solucionado tus conflictos emotivos y que tu corazón está entonces listo, no para buscar quién te los resuelva sino para compartir lo que eres? ¿te amas lo suficiente como para entregarte y amar sin expectativas egoístas ni complejos? ¿qué tipo de pareja crees que serías?

Todas estas son preguntas que posiblemente te lleven a buscar ayuda profesional. Por nuestra parte queremos ayudarte en tu proceso de discernimiento y autodescubrimiento de tus aptitudes para formar pareja y de los sentimientos y el tipo de relación que has construido hasta este momento, para saber si tu y tu pareja ya están listos. Por eso te invitamos a considerar los siguientes puntos:

Cómo sé si el matrimonio es para mi?

Estar abiertos a los cambios y lo suficientemente flexibles como para ceder cuando no valga la pena aferrarse a los propios puntos de vista o gustos, es vital.

El que te sientas muy enamorado y que creas que ya encontraste a la persona de tus sueños no significa que todo está listo. Falta una parte muy importante para considerar: tus propias habilidades y destrezas para convertirte en esposo o esposa.

Es decir, aunque todos nacimos para el amor, no siempre estamos listos para darlo y recibirlo. Esto es particularmente cierto cuando se trata del amor matrimonial pues lo característico de este amor es que renunciamos a pensar y actuar como individuos solos o solteros para decidirnos por construir un “nosotros”, es decir, una comunión de vida o comunidad.

Dicha comunidad la comenzamos con la decisión y promesa de entregarnos totalmente. Pero es en el diario vivir donde esta entrega se pone en práctica y se convierte en la base de la cual nacen la armonía, la comprensión y la unidad que constituyen la comunión de vida matrimonial.

Si este es tu concepto y el tipo de amor al cual aspiras, vas por buen camino. Pero de todos modos es bueno que analices si ya estás igualmente entrenado y listo para ponerlo en práctica.

Con ese objetivo te proponemos que te hagas las siguientes preguntas:

¿Eres una persona feliz que sabe que la felicidad no depende de nada ni nadie fuera de ti, sino de tu decisión por ver la vida con positivismo y gratitud? ¿Estás conforme con lo que haces pues das siempre lo mejor de ti, o eres por el contrario un conformista o una persona que te juzgas con severidad a ti mismo?

Sabes expresar tu disgusto y tu rabia sin ofender a los demás?

Sabes pedir perdón cuando cometes errores y sabes perdonar cuando te ofenden?

¿Te sientes capaz de cambiar o sacrificar tu decisión de salir de parranda con tus amigos por incluir siempre a tu pareja en tus planes de diversión?

Estoy listo(a) para crear y gozar del tiempo que se comparte en pareja y en familia?

¿Puedo enumerar al menos cinco sacrificios que estoy dispuesto (a) a hacer cuando esté casado (a)? Crees que el hecho de ser mayor te ha dado ya la suficiente madurez para saber llevar un matrimonio? Ó, si eres joven, ¿sabes si tu edad no te permite tener la madurez que se debiera?

Crees que el matrimonio será la solución a muchos de tus problemas?

¿Estás seguro(a) de estar enamorado(a) de tu pareja y de nadie más?

¿Te vas a casar únicamente porque ya hay un embarazo de por medio?

¿Estás seguro(a) que al casarte no tratas de huir de los problemas que tienes en tu casa?

¿La razón por la que te casas es porque tu pareja te comprende?

¿Has decidido casarte porque sientes que estás ya muy mayor para seguir soltero(a)?

Si tus respuestas dieron como resultado que lo que te mueve a casarte es sólo el amor y el deseo de dar lo mejor de ti por el bien de la otra persona, aunque esto implique sacrificios, entonces es que estás ya bastante preparado(a) para el matrimonio.

¿Cómo sé si lo que siento es verdadero amor?

Es muy fácil confundir el amor con los sentimientos de agrado y fascinación que una persona nos despierta, y terminar así haciendo promesas y entregas de amor cuando aun no estamos listos. Afortunadamente varias ciencias modernas como la psicología y hasta la bio-química han salido hoy al paso de los enamorados para ayudarles a clarificar sus sentimientos. Con base en esos datos podemos por eso decir, desde ya, que el amor a primera vista no existe. Toda relación de pareja, por tratarse del encuentro entre dos personas, pasa por distintas etapas hasta llegar, algunas veces, hasta el amor verdadero.

Identificar en qué etapa de la relación vas con tu pareja te ayudará a saber también qué tipo de opción les conviene más, y cómo pueden orientar su relación hacia la conquista del amor verdadero.

Las etapas del amor: La relación de pareja pasa por distintas etapas que se pueden identificar como el enamoramiento o atracción; la etapa romántica o del “Te quiero” y finalmente, “El amor”

Etapa del Enamoramiento:

Es la etapa rosa y apasionante en que una pareja se siente fuertemente atraída y fascinada por otra la otra persona. Estas sensaciones son tan fuertes y placenteras que muchas parejas creen que este es el amor.

Sin embargo, la atracción que une a los enamorados no es más que el efecto de unas sustancias llamadas feromonas que, además de alterar nuestros sentidos y hacernos sentir gran goce y pasión ante el más mínimo contacto con la otra persona, nos hace creer que con nadie podríamos ser tan felices.

Es decir, el agrado físico es tan fuerte que la mente también queda como enceguecida o fascinada. Por eso los enamorados no ven los defectos de su pareja e incluso dudan que pueda tenerlos. Todo parece perfecto.

A esta falta de objetividad se suma el hecho que, los enamorados, si no mienten sobre ellos mismos, por lo menos esconden sus errores y exageran sus virtudes pues desean conquistar a todo precio la persona que les proporciona tan gratas sensaciones.

En conclusión, el enamoramiento es una fase donde prima el placer pero donde se carece de realismo pues no sabemos aún cómo es realmente la otra persona. De hecho, durante el enamoramiento, lo que amamos del otro no es lo que él o ella es, sino lo que sus caricias, detalles y compañía me producen cuando me toca, me habla o me invita

Estas sensaciones son además pasajeras pues el efecto de las feromonas dura máximo 3 años. Si durante este tiempo la pareja no se ha dado la oportunidad de dialogar mucho y esforzarse por conocer la realidad del otro, en vez de quedarse engolosinada en encuentros llenos de caricias pero con poco contenido, la relación se acaba. Si además se tienen relaciones sexuales durante esta etapa, el efecto enceguecedor de las feromonas se duplicará creando una sensación ficticia de intimidad.

El enamoramiento no es la etapa para la entrega que supone la vida sexual y matrimonial. Aún no

conozco a la otra persona como para saber si estaría ya dispuesto (a) a entregarle las llaves de mi casa o la clave secreta de mi cuenta bancaria. Y si eso es así, entonces es signo de que aún no estamos listos para una entrega total como la que supone la sexualidad o el matrimonio.

Etapa Romántica o del “Te-Quiero”

la etapa romántica, la pareja empieza a compartir más y por tanto a conocerse mejor. Al ir entrando en el mundo de la otra persona, de sus gustos, de sus ideas, de sus características, de sus habilidades, etc., empiezan a aparecer las cosas que realmente nos atraen de la persona, y no sólo su físico o sus atractivos. Se empieza a disfrutar de lo que la persona es, y no únicamente de lo que esa persona causa en mí.

Algunas de las características que descubrimos en la pareja son reales. Podemos ya ver algunos defectos, pero también puede haber todavía mucha fantasía o idealización (amo los sueños que el otro despierta en mi). Por eso es importante recordar que apenas se está comenzando el conocimiento de la otra persona.

Junto a la pasión de las feromonas, en la etapa romántica aparece la ternura. Esta busca llegar a lo profundo de la otra persona para halagarla o hacerla sentir bien.

Con todo, la etapa romántica no es todavía el amor verdadero. Luego de conocernos, de compartir gustos e ideales, de querer estar mas tiempo juntos y de darnos cuenta que no podemos vivir el uno sin el otro, haremos la decisión de vivir juntos para toda la vida y estaremos listos para recibir el Sacramento del Matrimonio, y comenzar una nueva etapa, El Amor Verdadero El amor no es el arrebato ciego y apasionado de los enamorados. Tampoco es la idealización rosa de los románticos. El amor es la unión estrecha, la confianza profunda y el deseo de buscar en todo el bien de la otra persona. Este sentimiento surge cuando se conoce a la pareja y se es feliz con lo que se sabe de ella. Entonces nace el impulso confiado de dar todo de sí y de recibir todo lo que el otro es, para formar un “nosotros.

En otras palabras, en el amor la confianza y la generosidad son los elementos claves y se relacionan mutuamente: porque confiamos, deseamos entregar generosamente toda nuestra vida. Pero no se puede llegar a la confianza sin el conocimiento mutuo. Llegar al amor verdadero supone tiempo y dedicación, el amor crece dia a dia y debemos alimentarlo para que crezca y se fortalezca a través del tiempo, por lo tanto llegar al amor verdadero debe ser nuestra meta como matrimonio.

Por eso podemos decir que el amor se compone de cuatro elementos: Conocimiento, aceptación, confianza, y deseo de entrega.

Conocimiento: Conocerse significa al menos que:

a. Sé de dónde vienes y a dónde vas

b. Sé cómo reaccionas cansado, con rabia, bajo estrés, cuando estás contento.

c. Sé gran parte de tus defectos y cualidades.

d. Sé tus valores y los comparto.

e. Aunque no eres perfecto (a) asi te quiero.

Aceptación:

f. Me satisface y admiro lo que eres.

g. Me gusta tu físico y tu manera de ser

h. Entre todas las personas que pueden gustarme, te escojo a ti.

i. No espero que cambies para amarte.

j. Te quiero y te acepto como eres. (con tus defectos y virtudes)

Confianza: k.

Sé que en ningún momento quieres hacerme daño

l. Puedo confiarte mi salud, mi dinero, mi futuro porque sé que deseas cuidar de mi

Deseo de entrega:

m. Verte feliz me satisface.

n.

o.

Conozco tus aspiraciones y estoy dispuesto (a) a apoyarlas.

Ofrezco todo de mi para que buscar tu bien tanto material, sexual como emocional.

p. Estoy dispuesto (a) invertir todas mis energías en acompañarte, entenderte y servirte, aún cuando me implique renuncia y sacrificio.

Para quien es creyente es claro que no hay mejor definición de amor que la que Jesús nos dio: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” (Juan 15,13). Así, el amor deja de ser sólo un sentimiento y se convierte en la permanente acción de auto-donación o entrega por el bien del otro.

En una pareja no siempre los dos llegan juntos, o al mismo tiempo a desarrollar este tipo de amor. Si después de un periodo uno de los dos, o los dos, no avanzan hasta alcanzar este amor de entrega es porque no están listos para ser un matrimonio.

El amor debe ser alimentado permanentemente. Por eso, el hecho de que una pareja se case amándose, no implica que ya tiene su felicidad garantizada. Cada cual debe esforzarse por cuidar y avanzar en la entrega, la confianza, el mutuo conocimiento y la aceptación del otro.

El Amor Cristiano

“Para descubrir el verdadero amor debemos ir a la fuente del Amor que es Dios mismo” Segundo

Juan Pablo

Las parejas que deciden unir sus vidas en el matrimonio seguramente se aman. ¿Pero qué es realmente el amor? Juan Pablo segundo en su “Teología del Cuerpo” dice que para descubrir el verdadero amor debemos ir a la fuente del Amor que es Dios mismo. Conocemos que el amor de Dios es libremente dado y recibido. Que el amor de Dios es fructífero; es decir siempre dador de vida. El amor de Dios es siempre fiel y total.

Si tomamos en cuenta estos cuatro aspectos del amor de Dios y los aplicamos al matrimonio, podemos reflexionar en algunas de las características necesarias para tener un matrimonio en el que la pareja se convierta en compañeros para toda la vida.

El amor se da y se recibe libremente Aunque posiblemente cada pareja llega al amor por vías distintas, una vez que se enamora, cada uno hace una decisión libre de amar y entregarse a su pareja. De esta forma se hacen vulnerables ante la persona amada. Esto quiere decir que esta persona le va a conocer como ninguna otra. Nadie mejor que la pareja va a saber lo que le hace feliz, o lo que puede causarle sufrimientos. Y una vez nos damos a conocer lo que se espera es que seamos aceptados tal cual somos. Es decir, la entrega de amor es un regalo que debe ser recibido y custodiado con respeto.

El amor siempre requiere de una respuesta también libre y adecuada. A medida que se va descubriendo cómo es la otra persona se debe así mismo ir aceptando y recibiendo lo que el otro es. Las parejas que se toman el tiempo para conocerse y respetan amorosamente sus diferencias, pueden llegar a compenetrarse de tal manera que ya no son dos, sino uno.

Respetar a una persona es aceptarla como es, y recibir lo que me ofrece sin intentar cambiarla; y sobre todo, sin tratar de manipularla a que haga las cosas como quiero que las haga. Se debe, eso si, contar con el hecho que el otro hará todo lo posiblepor satisfacerme, pero no puedo exigirle que haga lo que no puede o va contra su manera de ser.

El amor siempre desea el bien del otro, por eso lo ideal es que las parejas que se aman y se respetan se pregunten: ¿Qué puedo hacer para el bien de mi pareja? ¿Cómo puedo corresponder al amor que recibo? De esa manera el amor partirá de la decisión libre y generosa de cada cual, sin imposiciones.

El amor es fructífero

Cuando hablamos de que el amor matrimonial debe ser fructífero no sólo nos referimos a que debe estar abierto a la posibilidad de dar la vida. El amor es fecundo o sea es dador de vida en todos los aspectos de la palabra.

Dar la vida es preocuparse por aquello que la pareja necesita; es apoyarla para que realice sus sueños, y darle espacios para que se exprese y sea ella misma. Cuando una persona es en cambio “absorbente” no deja a la otra crecer y desarrollarse. Dar vida al otro es tratar a la pareja con cariño; es evitar aquellas cosas que sabemos que van a molestar, que pueden humillar o reducir la auto-estima del otro, o que son de mal gusto. Damos la vida cuando controlamos la lengua al expresar nuestras frustraciones o nuestra rabia o enojo..

Quienes están abiertos a la vida, aprenden también a perdonar y a buscar la reconciliación. Perdonar y reconciliarse no son lo mismo. Para perdonar sólo se necesita de una persona pues perdonar es la decisión, que una persona toma, de liberarse del resentimiento o rencor que un hecho le causó. No se trata de olvidar, ya que esto es prácticamente imposible, y recordar es necesario para aprender. Se trata más bien de aceptar que el otro se equivocó y no amargarse por eso.

La reconciliación por su cuenta es tratar de rehacer la relación después de haber perdonado. Pero para

esto se requiere que la persona que ofendió desee el perdón, lo pida y ofrezca modificar la conducta que le llevó a ofender.

En el matrimonio va haber muchas oportunidades para perdonar, pedir perdón y reconciliarse. Cuando hay amor el ejercicio del perdón y la reconciliación van a ayudar a fortalecer la relación matrimonial. Cuando el perdón no se da la reconciliación es imposible y el matrimonio queda lastimado con huellas que van destruyendo la relación.

El amor es fiel

La fidelidad siempre ha sido un reto para las parejas. No me refiero solo al hecho de entregarse corporalmente sólo a la persona a quien hemos prometido un amor exclusivo de pareja. Hay quienes destruyen su relación de pareja al caer esclavos de la pornografía. Otras personas le dedican más tiempo al juego o a la botella, o a las amistades que a su pareja.

La fidelidad requiere la vida de pareja sea una prioridad para cada uno. No hay que dejar que el trabajo, o las amistades ocupen la mayor parte de su tiempo. En ocasiones las mujeres se refugian en las obligaciones del hogar y en el cuidado de sus hijos y ponen a su esposo en un lugar dentro de su corazón que no es el que le corresponde. La fidelidad requiere el poner en perspectiva la vida, los sentimientos y acciones. Es aconsejable que las parejas procuren tener proyectos en común, donde ambos tengan la oportunidad de desarrollar sus habilidades, divertirse, gozar de la compañía del otro o simplemente pasar tiempo junto. No hay que olvidar que el proyecto más grande que quizá tengan en común sea el cuidado y educación de sus hijos. Esta labor sin duda va a requerir de una entrega amorosa de sí mismos.

El amor es total

Se ama enteramente o no se ama. Pero, antes de mirar cuánto amor recibe, es conveniente que evalúe la calidad del amor que usted da. Comúnmente se dice que nadie puede dar lo que no ha recibido. Sin embargo cuando hablamos de amor, todos podemos aprender a entregarnos más con forme aprendemos a amar como Dios nos ama.

¿Cuándo fue la última vez que le expresó su amor a su pareja? No deje para después lo que puede hacer ahora. Escríbale una carta de amor a su pareja, dígale lo que significa para usted el tenerle en su vida. Haga una cita con su pareja. A pesar de las dificultades, el amor es siempre posible, y así como algunas cosas pueden haber cambiado para mal, también pueden cambiar de nuevo para bien. Mucho está en sus manos!

Aproveche cada oportunidad que tenga para AMAR y vivir su amor hasta que la muerte les separe.

Tu matrimonio es la empresa más importante de tu vida. Es el lugar dondepuedes no sólo realizar tu vocación al amor y al servicio, al tiempo que creces y permites crecer a tu pareja, sino también el espacio donde el amor puede abrirse al milagro de una nueva vida.

Dicho de otra forma, tu matrimonio puede llegar a ser el ambiente de compañía, de confianza, de unidad, de solidaridad y de reto a la trascendencia que una vez Dios diseñó para ti cuando te creó y te dio la posibilidad de entregarte hasta “ser una sola carne” con tu cónyuge. Tu matrimonio es también el inicio de una vida familiar propia de la cual deben salir personas sanas, alegres y capaces de amarse y amar a los demás. De esta manera el amor se vuelve compromiso y el compromiso se vuelve el mejor gesto de amor que podemos ofrecerle a quien amamos. Con él le aseguramos que no estamos jugando; que puede entregarse confiado (a) pues aún cuando nos sintamos flaquear en nuestra capacidad de cumplir nuestras promesas, Dios mismo saldrá en nuestro auxilio y nos ayudará a ser fieles y coherentes con el amor prometido.

Evaluación de la relación

Evaluar la relación no es poner en duda el amor, es más bien notar aquello en lo cual se puede o debe mejorar.

Durante la vida matrimonial la pareja se va descubriendo a sí misma. En el día a día de su convivencia los esposos aprenden a acoplarse el uno al otro y también encuentran la manera de pulir asperezas. Juntos van escogiendo los valores que van a abrazar y deciden cómo los van a vivir.

Importancia de evaluar la relación:

Toda pareja experimenta etapas en el matrimonio en que está más o menos satisfecho con su relación. Con todo, es importante que, con cierta frecuencia dedique tiempo para evaluar su relación y se ponga de acuerdo en el tipo de ajustes que deberán hacer para que su relación sea más satisfactoria y feliz.

Con mucha frecuencia, creyendo evitar con eso conflictos, las parejas cometen el error de callar sus insatisfacciones. De esta forma los problemas pueden crecer o se va creando el clima de insatisfacción que va dañando la relación poco a poco.

En una relación de adultos, donde cada uno se ve de igual a igual, es importante que haya un ambiente de confianza donde se puedan expresar sus necesidades sin temor a que la otra persona se moleste o no desee escuchar.

La Comunicación en el Matrimonio

CAPITULO 3

 La Comunicación en el Matrimonio.

La Comunicación en el Matrimonio.

En el matrimonio, la habilidad para comunicarse adecuadamente es fundamental para que la relación sea estable y feliz. ” Es un arte que se puede y se debe aprender “.

La comunicación se compone de tres elementos:

Emisor.- La Persona que emite un Mensaje.

Receptor.- Persona (s) que reciben el mismo mensaje.

Mensaje.- Contenido expresado por el emisor.

A su vez, la calidad de mensaje dependerá de la claridad para comunicarse y de la disposición y habilidad del receptor por escuchar. Entre más específico, corto, directo y libre de interferencias sea el canal que usemos para comunicarnos, el mensaje se podrá escuchar más claramente

Igualmente, la retroalimentación que el que escucha le da al emisor es de gran ayuda para que la comunicación tenga éxito. Retroalimentar es parafrasear lo que usted escuchó o cree haber escuchado.

En la comunicación interfieren también aquí algunos de los más frecuentes:

lo que se conoce como “estorbos de la comunicación”. He

Falta de claridad en el mensaje o el lenguaje: Recuerde ser específico y sobre todo traiga solo un asunto a la vez. Piense qué es lo que quiere decir y cómo lo va a decir. Cuál es el mejor lenguaje y vocabulario que puede usar con la persona con quien se quiere comunicar. Recuerde que el fin de la comunicación es darse a entender para que el otro pueda responder a nuestra necesidad expresada.

Ruido emocional: Este depende de cómo se están sintiendo las personas: Así por ejemplo, si una persona se está sintiendo poco apreciada, ese sentimiento va a afectar cómo transmite o escucha lo que su pareja le quiere decir.

El tono de voz y acentuación inadecuada de las palabras: El tono de voz y la acentuación ayudan a crear el ambiente adecuado para que se dé la comunicación.

La actitud negativa de quien escucha: Para tener éxito en la comunicación, la persona con quien quiere comunicarse tiene que querer comunicarse.

El ambiente que les rodea, la hora del día, los ruidos presentes: La experiencia nos dice que el mejor

tiempo para resolver un conflicto no es cuando está enojado

Escucha con atención, mirando a los ojos al que habla, con serenidad, sin juzgar lo que te está diciendo, respetando su opinión y sin interrumpir mientras el otro habla. Expresa con claridad, de forma directa y sencilla tu punto de vista o tu necesidad

Concéntrate en el problema, hablar realmente del problema del momento, sin traer a colación otros asuntos o situaciones pasadas, porque entonces la bola de nieve seguirá creciendo. Así por ejemplo, es mejor decir, “me siento sola e incomprendida. Necesito que me escuches”, a decir. “es que tu nunca me escuchas”, etc.

Las personas tenemos también distintas formas o estilos para comunicarnos, dependiendo de nuestra personalidad (introvertido, extrovertido, alegre, sereno, etc.) lo cual es absolutamente normal y se encuentra condicionado a todas nuestras pasadas experiencias en la vida. Cuando conocemos y apreciamos el estilo de comunicación de nuestra pareja podemos mejorar nuestra comunicación y entender mejor sus actitudes.

La comunicación así como el amor se expresan de muchas maneras. En el caso del matrimonio estas dos van muy unidas. Para algunas parejas el contacto físico es muy importante y les halaga que usted les tome de la mano, un abrazo, una mirada directa y firme, etc.

Con frecuencia pensamos que lo que nos gusta a nosotros o nos alegra va a halagar a nuestra pareja. Sin embargo con el tiempo y observación, nos damos cuenta que esto no es tal. La comunicación entre parejas debería mejorar con el tiempo. Las parejas entre más se conocen puede estar más atentas a las necesidades del otro.

Ante las desilusiones Recuerda siempre que es con la persona que está a tu lado que vas a hacer equipo para superar esta situación.El dicho popular que dice, “el tigre no es como lo pintan,” vale también para el matrimonio. Antes de casarnos pudimos fabricar ideas románticas del amor de pareja, de la maternidad y paternidad. Pudimos imaginar un hogar siempre armónico, un padre siempre cariñoso, además de trabajador y responsable; una madre siempre amorosa y unos hijos siempre obedientes. Pero la verdad es que estas realidades no se dan por sí solas. Hay que trabajarlas, negociarlas, construirlas poco a poco. La relación conyugal es una sociedad donde constantemente hay que expresar las propias necesidades y negociarlas con las necesidades del otro, hasta llegar a acuerdos que satisfagan a los dos.

Una negociación no sirve tampoco de una vez y para siempre. Cambiadas las circunstancias de la vida se puede replantear o sentir que lo acordado unos meses atrás ya no satisface como antes. Por eso hay que estar abiertos a escuchar, negociar y hasta ceder, no una vez, sino setenta veces siete. Esto no quiere decir que siempre eres tu quien tiene que ceder. El ceder debe ser de ambos lados para lograr tener un relación armónica. Se debe igualmente saber que no estamos obligados a ceder en aquello que es propio de nosotros y que consideramos una característica personal irrenunciable. Pero sí podemos, por amor, dejar de darle tanta importancia a cosas que no son tan Entra a dialogar de mutuo acuerdo y con la mayor disposición de encontrar una solución.

Sé humilde y dispuesto a perdonar y pedir perdón, pues tu pareja y tus hijos son lo más importante en tu vida. Cuando estés dialogando y veas que el diálogo se está tornando en una discusión ofensiva, proponle a tu pareja que se tomen de las manos, se vean a los ojos y eleven una oración a Dios en Pareja. Después de este pequeño espacio, continúen con su conversación.

Cuando la relación está muy deteriorada o crees que requiere, que una tercera persona intervenga porque ya entre ustedes dos no pueden llegar a acuerdos o bien no saben como resolverlo, es bueno buscar un profesional, un guía espiritual o una persona recomendable por su conocimiento en el tema o su sabiduría, para que les proporcione una consejería matrimonial. Hay también terapias de grupos o grupos de apoyo a parejas que pueden serles útil. Eviten recurrir a un familiar o persona allegada a los dos.

Analicen la situaciones de manera objetiva : Si un día pudieron entenderse y amarse es muy probable que también ahora lo puedan hacer. No olviden los sueños y alegrías que los unieron para iniciar un noviazgo y llegar al matrimonio. Tener la voluntad de mejorar su vida conyugal y familiar es una energía poderosa para salir adelante, y no olviden que cuentan siempre con la gracia de Dios.

“Herramientas para la solución de conflictos”

Tener diferentes opiniones o puntos de vista es normal. Pero para que estas diferencias no sean la ocasión de un conflicto y mucho menos de una crisis matrimonial, se requiere aprender las técnicas de comunicación y solución de conflictos. Este aprendizaje es conveniente para todos pues, aunque a veces tendemos a imaginar que el problema es del otro, es claro que comunicarse es un arte con técnicas muy variadas, y cada persona es un mundo que vale la pena aprender a descifrar y conquistar desde su particularidad.

“Muchas diferencias en la pareja provienen del hecho que cada uno trae consigo su propia experiencia de vida y cultura, además de partir de su naturaleza de Genero Femenino o Masculino “

Aunque el matrimonio está fundado en el amor es natural que las parejas encuentren diferencias y dificultades que deben aprender a reconocer y resolver, para evitar el conflicto. Un conflicto no es un desacuerdo. Los desacuerdos son normales. Pero cuando los desacuerdos no son respetados o causan problemas en la pareja, se convierten en conflictos.

Todos podemos tener por naturaleza una manera de pensar diferente, sin que esto, necesariamente cause un conflicto.

Nuestra actitud ante las diferencias son las que determinan si estas se van a convertir en un conflicto o no.

Expresar sus puntos de vista, deseos o necesidades de manera clara y sencilla nos facilitara el entendimiento dentro de la comunicación en nuestro hogar, nadie sabe mejor lo que una persona piensa o necesita que ella misma. Por lo tanto esperar que la otra persona le adivine mi pensamiento es irreal.

Tenga una mente abierta donde puedan caber otras opciones y formas de ver una realidad. Nadie posee toda la verdad. El punto de vista de otro puede además enriquecerle. Expresemos nuestras opiniones sin ofender, procurando usar el lenguaje adecuado que exprese mi punto de vista.

Insistamos en hablar de un asunto a la vez, no se salgan del tema, sin caer en la trampa de responder a insinuaciones o conductas destructivas que desvíen la comunicación y hagan que el conflicto se agrande.

Procure asumir la responsabilidad por aquello en lo que usted considere que ha contribuido al problema. Puede decir por ejemplo, “Yo reconozco, o, yo lamento que yo…”. Cuando se intenta resolver un conflicto con frecuencia se busca la reconciliación. Pero si no tomamos responsabilidad por nuestros actos o pedimos disculpas, el encontrar una solución al conflicto será más fácil.

Aunque todas estas habilidades le serán de mucha utilidad se debe reconocer que quizás, lo más importante para la buena comunicación es el cómo se ve usted mismo(a), es decir, su autoestima.

Esto significa valorarse y al mismo tiempo saber reconocer sus errores.

Finalmente, no olvide tratar de ponerse en el lugar del otro, es decir, esté dispuesto a reconocer que en muchas ocasiones si usted estuviera en las mismas circunstancias posiblemente actuaría igual o quizá hasta peor.

La violencia domestica.

“La violencia doméstica es cualquier clase de comportamiento utilizado por una persona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación.”

Cuando se habla de violencia doméstica algunas personas pueden pensar en golpes o acciones violentas de un esposo contra la esposa o viceversa. Sin embargo, la violencia física, los golpes y las heridas son sólo una parte de lo que es verdaderamente la violencia doméstica.

La violencia doméstica se puede definir como todo tipo de acción, actitud, uso de la fuerza física o de palabras para controlar a una persona, dentro de una relación afectiva. Hay violencia cuando se ataca la integridad emocional o espiritual de una persona. Ésta puede darse entre esposos, parejas de novios, de padres a hijos y de hijos a padres y es de tipo físico, emocional y sexual.

Los Obispos de Estados Unidos definen el abuso como “cualquier clase de comportamiento utilizado por una persona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación. Éste incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes, y el ataque sexual.

“La violencia doméstica es cualquier clase de comportamiento utilizado por unapersona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación.”

Violencia física: Es toda agresión física que una persona hace a otra. Por ejemplo: puñetazos, patadas, heridas, pellizcos, jalones de pelo, mordiscos, cachetadas, etc.

Violencia emocional es toda acción, actitud o palabra que denigre, rebaje o lastime las emociones o autoestima de una persona. A diferencia de la violencia física que generalmente involucra una descarga agresiva sobre la víctima, la violencia emocional no necesariamente requiere de acciones violentas. Una persona puede rebajar y hacer sentir mal a otra con palabras, acciones y actitudes suaves, de doble sentido, sarcásticas y que hasta suenen cariñosas. He aquí algunas formas de violencia emocional:

Abuso verbal. Ridiculización, desprecios, insultos, como estrategia consciente o inconsciente para rebajar la autoestima de la víctima.

Aislamiento: Negarle la palabra a una persona, ignorarla; no tomarle en cuenta para nada. Intimidación y amenazas. Amenazas de muerte si habla, de quitarle a los niños, de pegarle, etc.

Echarle la culpa a la víctima. El abusador le echa la culpa a su víctima de su mal carácter, de sus arranques violentos, de sus problemas, de sus desilusiones, de sus fracasos y de los golpes y abusos que recibe.

Abuso económico. En muchos casos la víctima no trabaja y cuando lo hace, debe darle su cheque al abusador, quien es el que controla todo lo relacionado con el dinero en el hogar. Él (o ella) toma todas las decisiones sin darle cuentas a su cónyuge de lo que hace con el dinero.

Utilización de los hijos. Utilizar a los hijos para hacer que la otra persona se sienta culpable. Convencer a los hijos de que su cónyuge está mal, poniéndoles en contra de ella. Le hace sentir culpable y responsable de la crianza y educación de los hijos. Si los hijos se portan mal es siempre culpa de su pareja, por ejemplo.

Violencia sexual: Siempre que uno de los cónyuges, sin consentimiento del otro, demanda y obliga a su pareja a tener relaciones sexuales, está ejerciendo violencia en contra de su pareja. Se incluye aquí todo tipo de prácticas sexuales que uno de los dos puede imponer al otro por la fuerza, por ejemplo: la imposición del uso de anticonceptivos, abortos, menosprecio sexual e inclusive la tolerancia de la infidelidad.

Obtenga ayuda Línea nacional para víctimas de violencia doméstica 1-800-799-7233 ó http://www.ndvh.org Coalición Nacional Contra la Violencia Doméstica 303-839-1852 o http://www.ncadv.org

Alfa y Omega. Estrategia Pastoral de fin de semana, con dos años de seguimiento, para ayudar eficazmente a las parejas a superar la agresión domestica, adiciones, drogas, alcohol y otros conflictos. Para más información sírvase llamar a Valentín Araya al 312-534-8274, Arquidiócesis de Chicago. Visite la página digital http://www.vidafamiliar.org

Infidelidad De acuerdo a los expertos, la infidelidad se va gestando, poco a poco, mucho antes de que uno de los dos se decida a ser infiel. Comunicación deficiente, hábitos dañinos, rutinas aburridas, malhumores, poco tiempo para compartir con su pareja, desgano sexual, y lucha de poderes, etc., se podrían contar entre las causas de la infidelidad. El machismo, por otro lado, puede inducir a algunos hombres a pensar que tienen el “derecho” a tener aventuras amorosas fuera del matrimonio. Este puede incluso hacer que culturalmente el hombre “macho” se sienta presionado a ser infiel, para demostrar su “hombría.”

Otra causa importante de infidelidad es la ausencia de Dios en la vida de una persona. Sin Dios, la persona puede sentirse más libre y vulnerable frente a las influencias de la sociedad libertina y hedonista y optar por la infidelidad.

La infidelidad es la herida más profunda que un cónyuge le pueda hacer a otro y, por tanto, la ofensa más difícil de perdonar. Con todo, muchas personas, movidas por su fe cristiana, logran descubrir el poder del perdón e inician el proceso largo, difícil y doloroso de perdonar.

Con el perdón, la persona no está ignorando el daño recibido, justificando tal comportamiento o disponiéndose a que le vuelvan a ser infiel. Su decisión sólo significa que renuncia a la venganza y se decide a superar el dolor, liberándose del rencor y los resentimientos, como medio para sanar su herida.

Algunas parejas logran también llegar a una reconciliación y restablecer su relación matrimonial. Esto requiere que la persona infiel haga los méritos suficientes para ganarse de nuevo la confianza de su cónyuge y que la víctima aprenda a confiar nuevamente en su pareja. Intentar ver a su pareja con los ojos misericordiosos de Dios facilita esta decisión. Con todo, los expertos estiman que este proceso puede durar entre dos y cuatro años, siempre que la conversión sea sincera, y la pareja reciba la ayuda profesional y espiritualidad necesarias.

Muchas parejas reportan que después de llegar a la reconciliación, cuando la herida ha sanado por completo y la confianza se ha restablecido, experimentan mucho más cercanía, amor y seguridad en su relación matrimonial.

El poder del perdón Mientras exista la verdadera voluntad de cambiar y la sensibilidad para aceptar que todos somos limitados, el perdón y la reconciliación serán casi siempre posibles.

Las ofensas provenientes de nuestros seres queridos suelen doler más porque, al daño recibido se le suma el sentimiento de haber sido de alguna manera traicionados en nuestra confianza, nuestros afectos o nuestras expectativas.

Por eso los errores entre esposos tienden a convertirse no sólo en “problemas por resolver” sino en “dolores del corazón” que amenazan la relación misma y que hacen hasta dudar del amor.

Qué es perdonar?

Perdonar es sobre todo liberarse de los sentimientos negativos y destructivos, tales como el rencor, la rabia, la indignación, que un mal padecido nos despertó y optar por entender que está en mis manos agregarle sufrimiento al daño recibido o poner el problema donde está: en la limitación que tuvo mi cónyuge de amar mejor, en una determinada circunstancia.

Perdonar no es aceptar lo inaceptable ni justificar males como maltratos, abusos, faltas de solidaridad o infidelidades.

Tampoco es hacer de cuanta que no ha pasado nada. Eso sería forzarnos o ignorar la realidad y a acumular resentimientos.

Igualmente, perdonar no es tratar de olvidar lo que me han hecho, pues siempre es bueno aprender de lo vivido.

En síntesis, perdonar es: Es, poder mirar a mi cónyuge y sus acciones negativas, con el realismo y la misericordia propias de Dios que, sin desconocer nuestras faltas, no nos identifica con el pecado y nos da la ocasión de ser mejores.

Por qué perdonar?

Porque mientras con el odio y el rencor quedamos atados al mal que nos han hecho y estancamos la relación matrimonial concentrándonos sólo en el error y el dolor que una determinada acción nos causó, el perdón nos da la oportunidad de ver la falta como un error real pero sin la carga emocional que nos daña. Entonces, además de recuperar la paz, recobramos la lucidez para evaluar el daño en su dimensión real y tomar las medidas necesarias frente a la relación.

Es claro igualmente que si mi cónyuge me entregó un día su vida en matrimonio es porque me ama y que por tanto, lo más seguro es que su equivocación no fue deliberada sino el fruto de sus limitaciones como ser humano en proceso.

Porque amar al cónyuge supone aceptar que es limitado y renunciar a mis expectativas a cambio de su realidad y buena voluntad de hacer lo mejor posible.

Diferencia entre perdón y reconciliación

Mientras el perdón es una decisión de cada persona, al interior de su propio corazón, la reconciliación supone la recuperación de la relación entre los dos. Lo ideal es por tanto que, una vez me libere de la rabia y renuncie a identificar a mi cónyuge con el error que cometió, nos dispongamos juntos a analizar el daño y buscar, en la medida de lo posible, una reparación. Dicha reparación supone que el ofensor reconozca su error, valore el efecto de lo que causó y pida perdón. El ofendido debe entonces igualmente aceptar las disculpas y ofrecer su perdón como la base para iniciar de nuevo una relación, sin rabia ni rencores, pero sabiendo que hay algo por mejorar.

Debemos saber que toda pareja pasa siempre por momentos de tensión, de malos entendidos, e incluso, de cambios de estado de ánimo por la misma presión actual de la vida moderna.

Pero cuando una pareja toca con frecuencia el tema de la separación o las tensiones y desacuerdos son permanentes y cada vez más difíciles de manejar, es necesario acudir a ayuda profesional. Si además esta ayuda se busca a tiempo, se podrán trabajar las dificultades inmediatas sin esperar hasta que los conflictos alancen dimensiones casi inmanejables.

Buscar ayuda profesional es un síntoma de madurez en la pareja pues significa que son conscientes que no siempre se pueden resolver las propia crisis y que una persona preparada para hacerlo, y desde fuera de la pareja, puede ver mejor y de manera objetiva el origen del conflicto. Para que este recurso dé el fruto esperado es importante tener en cuenta lo siguiente:

A quién recurrir por ayuda profesional?

Comienza por hablar con tu guía espiritual, el párroco o la persona encargada de la pastoral familiar de tu parroquia. Ellos de pronto pueden inicialmente saber si un “Retiro de parejas”, un “Encuentro Matrimonial, ” o algún programa de talleres de familia que ofrezca la diócesis les puede ayudar.

Si realmente necesitan de un profesional, busquen los centros universitarios o del condado que ofrezcan “asesoría o asistencia psicológica a parejas”. Entre los psicólogos hay además algunos que se especializan en terapia a parejas.

En muchos casos se comienza primero por una terapia individual, donde cada uno pueda expresar lo que siente y sanear sus propios conflictos para luego poder trabajar como pareja.

Cuando entonces es necesario consultar?

Cuando los celos empiezan a ser insoportables e inmanejables y se convierten en un motivo constante de peleas.

Cuando hay infidelidad. Tal vez es una de las razones en que es urgente y necesario consultar por todo el daño que esto genera y las implicaciones emocionales que conlleva para la persona herida.

Cuando las relaciones con otros, como la familia política, los hijos, amigos, están interfiriendo de una manera inadecuada en la relación de pareja.

Cuando los problemas económicos se convierten en un bumerán permanente de conflictos e incomprensiones al interior de la pareja.

Cuando la sexualidad es motivo de insatisfacción para los dos, por ser rutinaria o por diferencias significativas en la expresión de la misma. O cuando es poco grata para uno de los miembros de la pareja, ya sea porque siente que su pareja no la respeta, o no la valora en su propia identidad sexual. Cuando hay una enfermedad mental que está impidiendo una relación de pareja armónica.

Cuando hay violencia física o psicológica de uno de los miembros de la pareja o de ambos.

Cuando en la relación se empiezan a manifestar expresiones de frialdad, ironías, sarcasmos, con una frecuencia suficiente como para afectar la relación.

Cuando la comunicación está deteriorada hasta el punto de solo hablarse para la funcional o incluso manejar silencios y evasiones prolongados. O por el contrario, cuando la comunicación se empieza a basar en palabras agresivas, insultos y humillaciones del otro. Es importante tener presente que siempre se puede aprender a amar más y mejor y que la gracia de Dios pasa también a través de personas calificadas que puedan ayudarles. Una relación de pareja armónica y feliz, prolonga la vida, genera salud y bienestar físico y psicológico. Por esta razón es conveniente buscar ayuda!!

La Sexualidad en el Matrimonio.

CAPITULO 4

La sexualidad en el matrimonio..

La Intimidad y sexualidad

La intimidad supone aceptación, confianza y la ternura

La característica esencial del amor matrimonial es su condición de entrega total de la vida, con el propósito de constituir una comunidad de personas que se dan mutua seguridad, placer, compañía, consuelo y apoyo.

Por eso el tipo de intimidad que esta entrega establece incluye la donación libre y gozosa de nuestros cuerpos a través de la intimidad sexual, pero no se limita sólo a ella. Es más, el grado de beneficios de la sexualidad tiene que ver con el grado de intimidad que la pareja ha alcanzado en los diferentes aspectos de su vida. Esto es, con el grado de comunicación, de confianza, de respeto, de trato delicado y con la solidaridad y mutuo apoyo en su convivencia diaria.

Se puede por eso decir que, a excepción de las limitaciones que a veces una enfermedad o una disfunción biológica pueda traer a la vida sexual, la gran mayoría de los problemas que afrontan las parejas en la cama, tiene que ver con su intimidad en la vida diaria.

La mayoría de los problemas que afrontan las parejas en la cama, tiene que ver con su intimidad o trato en la vida diaria

Para mejorar el nivel de intimidad, una pareja debe por eso tener en cuenta, al menos lo siguiente:

La intimidad supone aceptación: Aceptamos a nuestro cónyuge cuando le hacemos sentir que, aún sabiendo sus defectos y limitaciones, tanto de carácter como físicos, ella o él, es la persona más importante en nuestras vidas y que por eso, puede contar siempre con nosotros. Esto lo demostramos a través de la atención con la cual escuchamos, a través de las palabras de consuelo que le damos, a través del interés y preocupación que manifestamos por saber cómo se siente la otra persona, y por la forma como, aún cuando manifestamos nuestros desacuerdos, lo hacemos sin juzgar las intenciones del otro.

La intimidad supone confianza: la confianza no es algo que se pueda exigir sino una realidad que nace espontáneamente entre dos que se sienten aceptados. Pero la confianza se puede cultivar. Para ello, es preciso partir de un acto de fe fundamental: creer que en ningún momento el otro tiene la intención explícita de ofendernos o hacernos daño. Esta actitud de confianza en las buenas intenciones del otro y en su bondad fundamental es decisiva para que se de un diálogo abierto entre las parejas, tanto a nivel de las diferencias de opinión o modos de actuar, como sobre las preferencias que tenemos a nivel íntimo.

La falta de confianza puede en cambio obstaculizar todos los niveles de comunicación tanto emocionales como corporales. Gracias a la confianza las parejas deben poder decirse qué caricia les agrada más y cuál en cambio no les agrada o les satisface. En pocas palabras, la confianza crea la complicidad y amistad que se requiere entre dos buenos amantes y que los hace compañeros para siempre.

Esa confianza debe poder dar igualmente a la pareja la libertad tanto de poder sugerir tener una relación como poder negarse a ella porque no se siente con ganas de hacerlo, sin que esto lleve al otro a pensar que lo están rechazando o que no lo aman.

Y cuando, con el paso de los años, la intimidad sexual no sea la misma, la confianza puede mantener en la pareja el grado de unidad gracias al cual se experimenta que no hay secretos entre los dos; que con el cónyuge se pueden abordar aun los temas más difíciles como sentimientos respecto de la relación con su familia, o los problemas de trabajo, incluso nuestros dilemas de conciencia.

La intimidad supone la ternura.

La ternura se compone de gestos o palabras generosas con las cuales una persona acaricia no sólo el cuerpo sino también el alma de la otra persona. Es decir, son esas miradas de admiración, esa guiñada de ojo que le levanta el ánimo a nuestro cónyuge; son las flores con las cuales queremos decirle a alguien: “Hoy pensé especialmente en ti”; es el abrazo de consuelo o de compañía con que recibimos a nuestra pareja después de un día de trabajo. Pueden ser también los “piropos” o frases de halago que, aunque pase el tiempo y el espejo deje ver el deterioro, hagan sentir a nuestra pareja que la seguimos admirando y amando. En fin, el poder de la ternura es tal, que podemos decir que es el mayor y mejor afrodisíaco, no sólo porque motiva a las caricias, sino porque mantiene a la pareja enamorados.

Por todo esto es claro que “hacer el amor” es mucho más que ir a la cama. Es desarrollar en todos los aspectos de la comunicación y convivencia las posibilidades de entrega e intimidad de las cuales Dios nos ha hecho capaces, y que con su gracia podemos siempre mejorar.

Más sobre este tema se puede ver en: Alba Liliana Jaramillo, Las soluciones que buscas/ en lo sexual. Lecturas que pueden ayudar: Zig Ziglar , Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio. Ed. Norma, 1991; Hendrix Harville Amigos y amantes: la relación de pareja ideal. Editorial Norma 1991

Cuándo y cómo comienzan los problemas sexuales?

Las dificultades que las parejas encuentran en su comunicación corporal o sexual tiene que ver también con las dificultades para comunicarse a través de la palabra. El diálogo es entonces clave.

La sexualidad es sin duda un aspecto muy importe en la vida de un matrimonio pues genera muchos dinamismos que colaboran con el desarrollo y fortalecimiento de la pareja. Lograr por tanto un buen nivel de diálogo corporal es importante.

Por eso se recomienda tener en cuenta:

La sexualidad ocupa un lugar primordial en la vida de la pareja. Se debe evitar por eso que el afán por el trabajo, los problemas domésticos o las preocupaciones por los hijos la afecten. Durante la etapa de crianza de los hijos y de mucho trabajo, la pareja debe escapar de vez en cuando de la rutina, buscar quién se encargue de los niños por unas horas y planear un momento romántico “solo para ellos”.

Los dos deben decidir, de común acuerdo cuándo tener relaciones, teniendo en cuanta el estado de ánimo cada cual y su uso responsable de la planificación natural.

La sexualidad comprende todos los gestos, palabras y actitudes que facilite expresar, mediante nuestro cuerpo, el afecto, respeto y atención por el otro. Por eso no se reduce a los gestos en la cama sino que incluye y comienza con los detalles, el ambiente de buena comunicación y de solidaridad en la vida diaria.

La sexualidad es una forma de expresar y celebrar el amor. Por eso, supone que el amor en general se esté alimentando mediante actitudes de confianza, entrega y deseos de agradar al otro. No se puede por eso llegar a la intimidad de la alcoba bravos, con resentimientos o miedos que el diálogo previo no haya resuelto.

Durante la relación sexual cada miembro de la pareja debe expresar abiertamente cuales son sus necesidades sexuales, así como lo que le agrada y le desagrada. De esta forma los dos sentirán que han sido satisfechos. Y concluida la relación, debe también haber espacio para la comunicación abierta, que permita conocer el grado de satisfacción que cada uno logró.

Así como la intimidad en las conversaciones va creciendo, también la intimidad en la relación sexual debe estar abierta a la posibilidad de que los esposos crezcan en el conocimiento mutuo de sus cuerpos, descubran cada vez mejor lo que más agrada al otro y les permita romper la rutina de los gestos.

Es importante llegar a la relación sin estrés por las responsabilidades externas a la relación, y sin la presión de pretender que el sexo debe ser perfecto. Se debe hacer de ese momento un verdadero espacio de intimidad donde cada cual escuche las necesidades del otro, respete su ritmo y preferencias y lo acompañe, con paciencia y delicadeza, hasta su satisfacción.

Más sobre este tema en, Sexualidad e intimidad. Algunos libros: Zig Ziglar , Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio. Ed. Norma, 1991; Hendrix Harville Amigos y amantes: la relación de pareja ideal. Editorial Norma 1991; Dagmar O´Connor , Cómo hacer el amor con la misma persona por el resto de su vida y con el mismo entusiasmo, Ed. Planeta, 1989.

Intimidad y sexualidad.

Hombres y mujeres tienen formas diferentes de vivir esta dimensión de la naturaleza humana. Mientras para la mayoría de las mujeres la plenitud de su sexualidad está fuertemente conectada con la satisfacción de sus necesidades emocionales, en el caso de los hombres esta plenitud está relacionada con el contacto físico, primordialmente. El fortalecimiento de este pilar depende precisamente de que ambos se comprometan a entender mutuamente sus naturalezas y a buscar primero la satisfacción del otro antes que la propia.

El primer soporte estructural de una buena relación se encuentra en una palabra: Fidelidad. Un matrimonio construido sobre el pilar de la seguridad puede resistir mejor las inevitables tormentas de la vida. Por el contrario, la inseguridad puede causar un daño muy grande a un matrimonio, haciendo que toda su estructura se sacuda y se desmorone.

A qué nos referimos con la palabra fidelidad? Para nosotros, la fidelidad es la confianza de que alguien se ha comprometido a amarnos y a valorarnos por el resto de nuestra vida. Es la permanente conciencia de que sean cuales sean las dificultades que enfrentemos, trabajaremos juntos para resolver nuestros problemas.

80 % del deseo que una mujer tiene de contacto físico no es sexual. a diferencia de los hombres que se manifieta de manera opuesta.

Por ejemplo, tomarse de la mano mientras se está esperando en una fila, darle un masaje en la espalda sin que se lo pidan, acariciar suavemente su cabello y abrazarla tiernamente, son todas maneras de aumentar la intimidad en una relación.

Sexualidad y cohabitación

La ausencia de un compromiso, en vez de darle a la pareja libertad para amarse más, le da la ocasión para salir corriendo cuando uno de los dos se canse o deba enfrentar las dificultades normales del ajuste de una pareja.

El número de parejas que deciden irse a vivir juntas, sin casarse, está creciendo en los últimos años. Por eso, no es raro que tu pareja te proponga esta opción o que tu mismo (a) la estés considerando.

Pero seguramente el hecho de que otros lo hagan no es razón suficiente para que tú también te decidas por eso. La cohabitación, como lo muestran las estadísticas y lo repite la Iglesia, trae graves consecuencias para el futuro de tu relación y de tu familia, que vale la pena que consideres y discutas con tu pareja:

Datos estadísticos

Contrario a lo que muchas parejas piensan, cohabitar, en vez de preparar para el matrimonio crea precedentes en la relación que hacen que el 46% de las parejas que antes de casarse vivieron juntas terminen divorciándose. (véase, Why Marriage Matters: 26 Conclusions from the Social Sciences, y, Marriage and the Public Good: Ten Principles, Witherspoon Institute, 2006). Mucho menos de la mitad de las parejas que cohabitan, alguna vez se casan.

La mitad de las parejas que cohabitan terminan sus relaciones antes de los cinco años, aunque tengan hijos en común.

El aumento en la unión libre ha incrementado igualmente el número de niños que no crecen con su padre. Entre la comunidad hispana por ejemplo, el 42% de todos los niños hispanos nacidos en Estados Unidos en el 2006 son hijos de madres solteras, cuyos compañeros, en vez de responder por el hijo engendrado, encontraron en la inestabilidad de la unión libre una excusa para dejar sola a la madre. (véase, Pew Hispanic Center, Statistical Portrait of Hispanics in the United States, 2006, Tabla 11.)

Las parejas casadas tiene cohabitan.

mejor estabilidad económica y posibilidades de progreso que las que

Las madres solas o abandonadas, y sus hijos, están entre la población más pobre.

Quienes iniciaron su vida de pareja en cohabitación tienden a seguir cambiando de pareja en relaciones igualmente inestables. En cambio, la gran mayoría de los adultos no casados declararon que preferirían casarse. Así mismo, las estadísticas revelaron que los adultos casados son mucho más felices y tienen menos riesgos en todos los aspectos, que los que no están casados. (véase, Pew Research Center Publications, As Marriage and Parenthood Drift Apart, Public Is concerned about Social Impact. Executive Summary, July 1, 2007, p.1)

Que dice la iglesia? La Iglesia, más que juzgar a las parejas que optan por la unión libre y por iniciar su vida sexual fuera del contexto del matrimonio, se preocupa por los riesgos que corren y le duele ver que, por falta de buena información o por anti-testimonios, muchos jóvenes desconocen las enormes ventajas que el matrimonio aporta a la sexualidad y el amor:

La sexualidad, nos dice la Iglesia y lo confirma la psicología moderna, es la expresión más íntima y personal entre dos seres humanos. Por ella y a través de ella expresamos nuestra innata vocación a ser, no seres solitarios sino seres de comunión y encuentro. Como lo dice bellamente el Papa Juan Pablo II, “la sexualidad es la huella divina en nuestra carne que nos recuerda que, no nacimos para algo, sino “para alguien”” (Véase, Juan Pablo II, “Audiencia General #15 de Enero 16, 1980, en, http://www.vatican.va/ AudienciasGenerales )

En sí misma la sexualidad tiene por tanto la capacidad de unir no sólo dos cuerpos sino dos personas. Es decir, es el gesto que expresa y realiza la mutua donación que una mujer y un hombre pueden hacer de su ser (“carácter unitivo de la sexualidad”). La sexualidad es también la fuerza que nos conecta con el principio de la vida. Dios quiso que naciéramos por amor, y en el amor delegándonos, a través de la sexualidad, el sagrado encargo de colaborar en la procreación (carácter procreador de la sexualidad). Por eso, lo queramos o no, toda relación sexual interpela lo más profundo y sagrado del ser humano y lo expone, a él y a sus hijos, a la posibilidad de ser recibidos y respetados o por el contario, de ser usados o minusvalorados. “ Cuando la sexualidad pierde su sentido de auto-donación, la civilización de ‘lo impersonal’ toma el poder: las mujeres se convierten en objetos de placer para el hombre y los hijos en estorbos para los padres”.

El daño psicológico de vivir la sexualidad fuera de un compromiso de amor se ve claro en la mujer quien, dada su estructura bio-química, al entregarse a la relación sexual genera una sustancia llamada “oxitocina” que la deja dependiente emocionalmente del hombre al cual se entregó. Si después de su entrega el hombre la deja, es por eso lógico que la mujer se sienta usada, se afecte emocionalmente, y hasta se deprima.(Véase, Anonymous, M.D., Unprotected. A Campus Psychiatrist Reveals, Ed. Pinguin Group, 2006, p. 6-7)).

Y ni hablar de las consecuencias para los hijos: Los hijos nacidos en concubinatos son con más frecuencia víctimas de toda clase de abuso y son sometidos emocionalmente a la inestabilidad de crecer en una relación sin garantía. (Véase, Importancia del matrimonio para los hijos)

Por eso, aunque la sociedad llama el concubinato como “amor libre” pues no está regido por ningún tipo de compromiso legal ni religioso, la Iglesia Católica no cesa de recordar que, precisamente la ausencia de dicho compromiso no sólo expone a la pareja y a sus hijos a toda clase de incertidumbre sino que impide, a veces a nivel muy inconsciente, que se genere en la vida de pareja la confianza profunda que debe corresponder a su nivel de intimidad sexual y de vida. Siempre habrá por eso quien sienta que esta situación en vez de darle libertad para amarse más, le da la ocasión para salir corriendo cuando se canse o deba enfrentar las dificultades normales del ajuste de una pareja.

Cuando en cambio una pareja tiene el coraje y el amor suficiente para declararse públicamente sus afectos y comprometerse a una entrega de todo su ser, de cara a Dios y al mundo, no sólo le está dando a su pareja la mayor prueba de amor y respeto, sino que está creando una unión a la cual Dios mismo decide unirse para con su fuerza de Amor sellarla y garantizarla para siempre. (Véase, CIC, #s. 2350; 2353,2390-2391; Familiaris Consortio (FC), 81)

Por qué entonces conformarse con menos y arriesgar tanto? Si te decides por el amor y lo haces al estilo de Jesús, como un amor de entrega, tendrás a Dios mismo a favor de tu amor.